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Elio Quiroga: «Siempre me ha fascinado la historia de Las Médulas»

Conversación con Elio Quiroga, autor de El vientre de la tierra, que llega hoy a las librerías.

 

 

Elio Quiroga, director de cine y escritor, regresa a la narrativa con El vientre de la tierra (Editorial Diëresis), la obra que le ha valido el Premio Vallirana de Novela Histórica 2024. Ambientada en el paraje leonés de Las Médulas durante la conquista romana, la novela aborda la épica supervivencia de los astures ante la maquinaria imperial. Conversamos con Quiroga sobre su conexión personal con El Bierzo, la civilización de los antiguos astures y sus logros, y sobre el dilema de Ábilus, un protagonista forzado a elegir entre la lealtad y la adaptación. 

En El vientre de la tierra nos lleva a un escenario fascinante: Las Médulas, hace dos milenios. ¿Qué le atrajo de este paraje berciano para convertirlo en el centro de su novela histórica? 

He visitado personalmente Las Médulas en varios momentos de mi infancia. Mi padre es de El Bierzo. Recuerdo quedar siempre fascinado con aquel paisaje. En cierta medida, también era algo pendiente, una espina clavada: le debía un regalo a mi padre. Él falleció ya hace unos años y me fijé como proyecto escribir una novela que ocurriera en Las Médulas. Al final, hace cuatro años, tomé la decisión de ponerme y escribirla. 

La épica de los astures se define por su capacidad de supervivencia. ¿Diría que el corazón de la novela reside más en la resistencia cultural de Otze —simbolizada en el conocimiento ancestral del oro— que en las batallas físicas contra los cónsules romanos? 

Sí, el libro se sitúa temporalmente en una época marcada por el cercano final de las guerras astures y de todas esas guerras cántabras. Y hay un momento de la novela en el que el protagonista es, precisamente, un adaptado, una persona que se ha adaptado a esto que se fue llamando la « Pax romana», que no es otra cosa que aceptar lo bueno de los conquistadores y formar parte de la gran máquina del Imperio Romano, básicamente, para sobrevivir en las mejores condiciones posibles. Creo que esa fue la decisión más inteligente en ese momento. Y en el caso de Otze, el enclave astur en el que se centra la novela, es fundamental, porque le permitió seguir existiendo como tal. Si no, hubiera sido arrasada. No era una opción: blanco o negro, sobrevivir o ser conquistado por las malas. Por ello creo que la decisión que toma el protagonista es la más inteligente. 

El protagonista, Ábilus, es un astur que se ve forzado a colaborar con los romanos. ¿Qué dilemas morales atraviesa y qué representa para la narrativa de la resistencia indígena? 

Pues supongo que para muchos podría ser interpretado como un traidor, especialmente, si el lector adopta el punto de vista de toda esa gente que se quedó viviendo en algunos castros y continuó oponiendo resistencia hasta el último momento. Pero para mí, como autor, su decisión es la más inteligente desde el punto de vista la supervivencia. Él tiene que cuidar de una familia y darle a los suyos lo mejor, y para ello, Ábilus sabe que a veces integrarse en una nueva cultura es la única salida. Y en ese aspecto, la novela, como recoge la sinopsis, es la historia de un superviviente, de alguien que elige sobrevivir por encima de todo. 

Me parecía un momento ideal; era el final de una época con las últimas resistencias activas y se podía medir la capacidad de adaptación de un pueblo.

 

La historia se desarrolla en tiempos de Octavio Augusto, un periodo crucial de transición en Hispania. ¿Por qué eligió este momento específico y qué papel juega el oro astur en la política romana de la época? 

Creo que es un momento de la historia muy interesante en el que Augusto acaba por conquistar toda Hispania después de muchos siglos de fallidos intentos previos y de traer la romanización a toda la Península Ibérica. De hecho, más adelante, uno o dos emperadores más tarde, todos los habitantes de la Península Ibérica, de Hispania, solo por el hecho de nacer en Hispania, ya obtenían la condición de ciudadanos de Roma. Es como un premio y a la vez un castigo. Es una decisión extraña: un deseo de civilizar y a la vez de conquistar que extermina una cultura previa o que de alguna manera la extingue mental y espiritualmente, al tomar el lugar. Es la historia de la humanidad. Básicamente, me parecía un momento ideal; era el final de una época con las últimas resistencias activas y se podía medir la capacidad de adaptación de un pueblo.  

En cuanto al papel del oro astur en la política romana de la época… Las Médulas pagaron durante un largo periodo de tiempo muchas de las conquistas y de los gastos en los que incurría Roma. El Imperio empezaba a ser incontrolablemente grande y ese fue su gran talón de Aquiles, lo que acabaría finalmente con él: necesitaba hacer frente a todos sus gastos dentro y fuera de Roma. Por eso era tan importante el oro obtenido, por ejemplo, en Las Médulas.

 

Elio Quiroga recibe el III premio Vallirana de Novela Histórica 2024 de manos del concejal Oscar Suñé.

 

El oro astur es el motor que atrae a ambiciosos generales romanos a la región. ¿Hasta qué punto es El vientre de la tierra una novela sobre la resistencia de un pueblo y hasta qué punto es un análisis de cómo la codicia imperial convirtió un enclave misterioso en el mayor centro de explotación económica de Hispania? 

Todo forma parte de ese momento de la historia, del lento arrasar, que es como una gota malaya que va convirtiendo un territorio en el que había una cultura, en otro muy diferente. Una transformación que sucede a lo largo de varias generaciones y que es inexorable, a pesar de que muchos pueblos mantuvieron su cultura. Por ejemplo, están los vascones. 

Esta es una novela sobre el final de la resistencia de un pueblo, pero también es un análisis de la codicia imperial, que, yo diría, le acerca a la «Realpolitik», como diríamos actualmente: «Necesitamos oro como sea, porque esto se nos va de las manos. Este imperio es demasiado grande y hay que controlarlo. Necesitamos oro para acuñar nuestros denarios y pagar nuestras carísimas colonias». Básicamente, El vientre de la Tierra es una historia sobre política y sobre resistencia inteligente de un pueblo. Y, a veces, la resistencia inteligente implica dejarte llevar por la ola como un buen surfista. 

Uno de los aspectos más impresionantes de Las Médulas es la técnica minera romana de la ruina montium, que implicaba mover montañas con la fuerza del agua. ¿Requirió un gran esfuerzo de documentación para recrear este proceso con precisión? 

Estuve documentándome del 2022 al 2023. Un año documentándome sobre estas técnicas tan absolutamente alucinantes. Solo requieren agua, pero había que traerla desde lugares muy lejanos. Roma tenía unos ingenieros increíbles (y también los tenían los pueblos hispánicos prerromanos), perfectamente capaces de hacer esas impresionantes obras de ingeniería. Sí, esta novela también es, en cierta manera, un homenaje al ingenio; al ingenio humano. Yo soy ingeniero informático y nuestra profesión está destinada o condenada a ser una mezcla práctica entre ciencia y resolución de problemas. 

Siempre me ha fascinado la historia de Las Médulas, porque… ¡qué capacidad tan brutal para resolver problemas que tenía esta gente! ¡Qué conocimientos de ingeniería! ¿No es asombroso? La ruina montium me parece un ejemplo perfecto del ingenio de la humanidad. Y hace de ello 2.000 años largos… 

 

Esta es una novela que pretende llamar al pensamiento y la reflexión profunda, pero también, y por encima de todo, entretener y ser amena. 

 

Además de la documentación histórica y técnica, ¿cómo abordó la construcción del lenguaje y los personajes, intentando que resultaran creíbles para un lector contemporáneo sin perder la esencia de la época? 

Soy un escritor de mapa por deformación profesional. Soy guionista. Me sale construir las historias en mapa y también empezar a construir los personajes antes de empezar a escribir la novela. Suelo tener escritas sus biografías hasta el momento en que empiezo a escribir la acción. Más o menos me hago una pequeña historia de cómo han sido sus vidas hasta ese momento y voy entendiéndoles dentro de lo posible, hasta que empiezan a tomar sus propias decisiones dentro de la narración. 

Esas técnicas de guion me han ayudado mucho para crear los personajes y también a crear una escritura y una lectura sencilla, despojada de jerga técnica, de un lenguaje demasiado alambicado. Esta es una novela que pretende llamar al pensamiento, pero también y sobre todo entretener y ser amena. 

Usted tiene una exitosa carrera en el cine, donde ha trabajado con figuras como Guillermo del Toro y ha sido premiado en Sitges. ¿Cómo influye su visión cinematográfica en la forma de construir una novela histórica? 

 Influye mucho. La deformación profesional de llevar mucho tiempo haciendo guiones me lleva a construir las historias antes de empezar a escribir, me permite ir colocando lo que en guion se llama «puntos de trama», esos detalles o giros que pretenden hacer la trama más interesante. No me gusta utilizar el término «narración visual», pero también por deformación profesional, me gusta construir imágenes mentales en los lectores. Hay un término en inglés «dream scapes» (paisajes de ensueño), que me parece increíblemente bonito y que me gusta crear cuando escribo. 

Ha sido reconocido en géneros muy diferentes, desde el noir con Tiempo Sucio hasta la ciencia ficción con Los que sueñan. ¿Qué le da la novela histórica que no le dan otros géneros? 

En este caso, la oportunidad de forzarme a investigar una determinada época histórica y, al mismo tiempo, la motivación de poder hacerle un regalo a alguien que ya no está y a quien le debo mucho, que es mi padre, y que además fue quien me llevó a conocer Las Médulas. Yo era un crío, debía tener 7 u 8 años cuando fui con él por primera vez, y luego continué yendo. Pero esa primera impresión de descubrir el paisaje y pensar «Madre mía, los humanos han hundido estas montañas con sus propias manos», se me quedó tan grabada, que con los años siempre he querido construir una ficción con ello. Y en este caso, la novela histórica me ha permitido modestamente crear una historia que pudo haber ocurrido y que pudo ser posible en unos tiempos muy bárbaros en los que la vida humana era mucho más corta y valía mucho menos que ahora. Un tiempo en el que, de repente, un ciudadano podía tomar decisiones que permitieran su supervivencia y la de las personas que realmente le importaban. 

 

Foto: Todos los ganadores del premio y el jurado en la ceremonia de 2024.

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