Antonio Pampliega se sincera en una entrevista en el podcast The Wild Project Antonio Pampliega,…
«No había día en que no cayeran bombas sobre las panaderías» Pampliega emociona en su presentación en Barcelona
Los límites entre la realidad y la ficción, el precio a pagar por trabajar como corresponsal de guerra y la enorme brutalidad del conflicto sirio fueron algunos de los temas que trató el periodista y escritor Antonio Pampliega durante la presentación de «Cowboys en el infierno», su última novela, en la librería Altaïr de Barcelona el pasado 28 de octubre. El autor, que fue secuestrado por Al Qaeda en 2015 durante 299 días, compartió detalles sobre sus peripecias en el conflicto sirio en una jornada marcada por la crudeza, la reflexión y la emoción.
«¿Qué cantidad de realidad tiene el libro?», fue la primera pregunta que lanzó el periodista y también editor del libro José Ángel Martos, que acompañaba a Antonio Pampliega durante la presentación. «La mayoría de lo que cuento es real», respondió el corresponsal, destacando, además, que en la Guerra de Siria «también la realidad superó a la ficción», remitiéndose a la popular frase para destacar la crueldad que plasmó en papel.
Pampliega explicó que el uso de la ficción le ha permitido narrar con más libertad sus experiencias reales y, a lo largo de su intervención, explicó detalladamente cómo llegó a Siria (entrando clandestinamente por la frontera con Turquía) y cómo fue su trabajo allí, y en particular durante la Batalla de Alepo, un cruel enfrentamiento urbano que, como señaló José Ángel Martos, remite a episodios similares y tan crudos como la Batalla de Stalingrado en la II Guerra Mundial, o la de Sarajevo durante la Guerra de la antigua Yugoslavia.
Pampliega se ayudó de la proyección de imágenes estremecedoras tomadas por él mismo en Alepo. El público guardó silencio ante las fotografías y los vídeos en los que se veían bombardeos y explosiones de granadas, así como heridos y muertos entre la población civil. «No había ningún día en el que no cayeran bombas sobre panaderías», recordó, subrayando que la mayoría de las víctimas eran gente de a pie. En los hospitales, añadió, «la gente que se encontraba allí no eran combatientes, sino civiles».
Pampliega también recordó como la crueldad del conflicto no entendía de edades: «Había muchos niños entre los afectados», señaló, mientras enseñaba imágenes conmovedoras de estos. Con voz contenida, explicó que los francotiradores «saben perfectamente a quién disparan», hecho que pudo corroborar cuando él mismo tuvo la oportunidad de observar a través de la mirilla del fusil de uno de ellos, o cuando tuvo que escapar corriendo de los disparos de otro al cruzar una amplia avenida de Alepo. «Lo que más me sorprende de la guerra es el silencio» confesaba el autor, apuntando la intensidad que se vive en los momentos donde la ciudad enmudece y solo se oye el silbido de una bala certera.
Más allá del testimonio humano, el periodista reflexionó sobre los peligros de ejercer el oficio de manera independiente. «Ser freelance —afirmó— implica trabajar en condiciones precarias y con un alto riesgo personal«; denunció la actitud de las grandes corporaciones mediáticas, que —según él— rompieron lazos con los reporteros cuando comenzaron los secuestros de periodistas. «En cuanto empezaron a secuestrar compañeros, los medios se marcharon y nos quedamos cuatro», denunció el corresponsal. Según él, los periodistas adquieren relevancia mediática cuando son secuestrados, para posteriormente caer en el olvido.
Respecto a su situación actual, explicó que se había planteado cubrir la Guerra de Ucrania, pero que le disuadió la falta de compromiso de los medios que le querían enviar: «El seguro de vida te lo pagas tú mismo», contó que le habían dicho. «Tengo una hija y esa es mi prioridad absoluta», remarcó.
Durante la presentación, también desveló detalles de la portada de la novela, que, como destacó José Ángel Martos, es «una portada real que demuestra que estamos ante una novela de un género híbrido, muy novedoso, donde la ficción se ancla en un trasfondo y una documentación muy veraces y vividos». Entre los cuatro personajes que ilustran la cubierta está el mismo Pampliega, pero también James Foley, un colega que fue secuestrado y ejecutado por el Estado Islámico en 2014, una muestra más del alto precio que paga el periodismo de guerra.
La sesión concluyó con una reflexión sobre el valor de la vida frente al negocio informativo. Pampliega situó al público ante la crudeza de la muerte y subrayó que, aunque todos los conflictos son atroces, «la guerra más cruel que he visto es la de Siria». Su testimonio dejó en la sala una mezcla de silencio y conmoción, una prueba más de que, incluso en medio del horror, todavía hay quien se atreve a mirar, contar y escribir sus vivencias «para dar voz a las víctimas».
Fotos y vídeo: Èric López Miravet / Valentina Martos Amiguet













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